REENCUENTRO DE DOS ENAMORADOS

                                EL REENCUENTRO DE DOS ENAMORADOS  

Era una mañana fría de otoño, al asomarme por la ventana pude ver las hojas secas que revoloteaba el viento, cuando de pronto, sonó el teléfono celular incansablemente, pensé en no contestar pues era un número desconocido pero algo dentro de mí, dijo: “contesta” por lo que oprimí el botón y simplemente dije - ¡Hola!- Y una voz familiar me dijo: - Hola Brigitte soy Sabás -, el corazón me latió tan fuerte que sentí que salía de mí pecho y aclarando la voz contesté -¿Sabás?- ¿Sabás González?, -El mismo- respondió. Entonces comenzamos a platicar como si la última vez hubiera sido ayer, aunque su voz se escuchaba claramente nerviosa conservaba el tono varonil que lo caracteriza. Contundentemente me preguntó: - ¿Estás bien como para tener una cita conmigo?, deseo verte. Un alud de ideas llegó a mi mente pensando, ¿Por qué me busca ahora?, ¿Estará gravemente enfermo?, ¿Qué me quiere decir?, sin pensarlo más e impulsivamente conteste - ¡Sí!, ¿Te parece bien el miércoles a las 12:00 pm en nuestro lugar?, -Sí- contestó él. Entonces nos despedimos, hasta el miércoles cariño.

El fin de semana se me hizo eterno, ya que lo vería después de 5 años de haber concluido nuestro noviazgo. Por fin llegó el miércoles 14 de octubre, me levanté con gran entusiasmo, me di una larga ducha, me puse bonita, me coloqué tras las orejas mi perfume favorito, tomé las llaves de mi auto y me dirigí a nuestro lugar, que no era más que una llanura a los pies de la pirámide de Cholula, que, para estas alturas del año, está alfombrada de flores de cempasúchil, listas para ser cosechadas por los floricultores de la zona y luego ser vendidas para adornar los altares de día de muertos.

Cuando arribé al lugar, creí ser la primera en llegar, porque salí con bastante tiempo, pero cual fue mi sorpresa al encontrarlo al lado de un gran mantel de suave algodón, la cajuela de su vocho verde menta abierta. En cuanto apagué el motor él me buscó con la mirada y se encontró con la mía, sentí un calor en el rostro, mientras se acercó a mí sonriendo y me dijo: -Los años no te han cambiado, sigues ruborizándose-, y nos dimos un gran abrazo, sacó de se auto una canasta que contenía una botella de vino, dos copas y unos suculentos canapés, después abrió la puerta del copiloto de su auto y me dijo: -Ven, traje algo especial para ti-, era una rosa roja, fresca, aún con rocío que al llevarla instintivamente a mi nariz, salió volando junto con su aroma un hermoso solitario, yo lo seguí con la mirada y él lo recogió preguntándome -¿Aún me amas como yo a ti?, contesté con los ojos cristalizados un ¡Sí!, y desde ese día unimos nuestras vidas, hemos tenido toda clase de experiencias pero seguimos amándonos como el primer día.

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